Extrañando Chile

El sábado llegó mi hermano que vive en España. Viene por dos semanas y, aunque lo vamos a ver poco porque el chico es popular, igual es entretenido sentarse a conversar sobre lo que ha pasado por acá (aún no le contamos de Camiroaga, no sé si pueda), lo que se ha perdido, mientras disfrutamos de las cosas que él ha extrañado (principalmente, comida).

Eso me hizo pensar en las cosas que yo más he extrañado cuando me ha tocado viajar, que son distintas cuando sé que no voy a volver en meses (como cuando me fui de intercambio) a cuando estoy de vuelta en una semana o diez días.

Lo que más extraño, sin importar dónde esté, es mi almohada. La tengo hace más de veinte años y aunque siempre digo que duermo sin almohada, MI almohada está ya armada para mi cabeza y mi cuello y es con la única que no despierto toda chueca ni con dolor de espalda. Es un montón de algodón desarmado pero yo la amo, porque es mía y de nadie más.

Lo segundo, y nunca jamás por eso menos importante, es el pan. En otras partes hay panes ricos y me gusta probar panes distintos: croissants, bagels, english muffins, esa cuestión paliducha medio tortilla que comen los árabes, pero nada, absolutamente NADA se compara a nuestra marraqueta. Nada. Y todos los desayunos en hotel me lo recuerdan. Miro a los otros pasajeros y pienso “apuesto que encuentran todo esto delicioso, pero no tienen idea lo que no están comiendo”. Y ahí me da como alegría maléfica porque yo en un par de días sí voy a comer marraqueta de nuevo. Wuaja.

Lo tercero es la cordillera. He ido a lugares con cerros, con montañas, pero nada se compara a ese pináculo nevado que es la Cordillera de los Andes. Me fascina poder mirar al horizonte y verla ahí, ayudándome a ubicar dónde cresta estoy. La necesito y la echo de menos cuando ando perdida en otra ciudad y ni sé pa donde está el Norte. Además de bonita, la cordillera es una herramienta para sobrevivir en la jungla chilena, como decía el libro aquél.

Mi hermano siempre habla de la comida. Que le mandemos Chocman porque allá no hay, que tiene unas ganas atroces de comer porotos con mazamorra (ayer comimos) o que el pollo en España sabe distinto y que el de acá es mucho mejor. Yo siempre le digo que todo lo que acá es mucho mejor, que se devuelva, jaja.

Pero igual me hace pensar en las muchas otras cosas enanas que debe echar de menos y las que no debe extrañar para nada, que ha reemplazado con otras cosas y con otras personas, e igual me da nostalgia por parte de él. Porque uno puede echar la foca que Chile aquí y la gente allá, pero cada vez que salgo -y he ido a lugares raros- aprecio más lo que tenemos y quiero puro volver a andar en el Transantiago! Ya, nunca tanto. Pero casi.

4 comentarios sobre “Extrañando Chile

  1. Hahaha, me imaginé tu almohada y me dio risa. A mi me gustan las almohadas de plumas, si tengo una de esas donde sea, voy a dormir bien y tienen que ser dos….si no no hay caso. De todas maneras yo soy de adaptarme altiro a todo soy mala para extrañar ese tipo de cosas como el pan, etc….creo que lo único que extrañaría mucho sería la comida de mi mama, esos platos que inventa o los clásicos que los prepara tan rico.

    Oye en que parte de España vive tu hermano? Tiene pegado el acento español ya? Tengo un amigo que se fue como por dos años y volvió hablando raro pero ya se le pasó. Yo tengo familia en Asturias, Oviedo y no me acuerdo donde mas haha, son muchos y ni los conozco pero se que hay en hartas partes.

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    1. Jaja, mi almohada es casi no existente. La necesito para quedarme dormida porque después no la uso más. Igual en otras partes he tenido que aperrar no más, me doy ene vueltas pero igual duermo.

      Mi hermano vive en España hace como tres años. Se le han pegado palabras pero no el acento, pobre de él. Lo tengo amenazado! jajaja.

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  2. El paaan… que manera de extrañaro cuando estaba en EE.UU. Allá el pan de molde es lo más común y las panaderías eran caras. Obviamente, hacíamos pan amasado pero no era lo mismo. Cuando venían familiares de Chile, nos llevaban hallullas y marraquetas bien selladas. Otra cosa que en mi caso extrañé fue lo fácil de moverse. Si no tenías auto por donde vivía, estabas frito. Ni se podía ir caminando a un restaurant porque la vereda estaba cortada en un tramo (la parada de micro más cercana estaba a 1,7km de la casa).

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    1. Iba a comentar sobre eso, sí. En Canadá andábamos para todos lados en taxi. Mientras más éramos, más barato nos salía así que hacíamos grupos de 6 o 7 y viajábamos en Van para todos lados. En Doha y en Hanoi en taxi también, no hay transporte público. Difícil. Menos mal que fui por pega y obligada a subirme al taxi. No sé si lo hubiese logrado sola, jaja.

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