Vacaciones: Edimburgo (parte 1)

Mi hogar lejos del hogar

Después de tres días en el Norte, llegamos a mi ciudad más favorita en todo el mundo. Es la tercera vez que voy y cada vez la amo más. La encuentro entretenida, es bonita, tiene de todo, es amigable, puedes caminar para todos lados, no es bulliciosa, llueve harto, el aire es puro, se come rico… puras maravillas.

Esta vez pernoctamos en la parte nueva de la ciudad, donde nunca había ido, y es bien bonito. El centro nos quedaba como a media hora caminando, con calles muy empinadas, pero fue simpático hacer el recorrido a diario. Cansador pero simpático.

Nunca le había sacado foto al monumento a Sir Walter Scott. Por eso quería volver a Edimburgo porque sentía que las veces anteriores no había aprovechado bien la visita. Este es el monumento más grande que se le haya dedicado a un escritor, en el mundo; de hecho, puedes subir a la cima, si te da el cuero subir los 900 escalones. Ja.

 

Frente al Monumento están los Jardínes bajo el castillo (Princes Gardens), que ya conocía, pero quería recorrer de nuevo. Es tan bonito. Claro, nos tocó lluvia todo el día así que nada de tirarse en el pasto ni sentarse en ninguna parte pero a mi me gusta la lluvia así que feliz. Había poca gente.

 

Desde aquí puedes ver los edificios por los que pasas cuando recorres la Royal Mile, la avenida principal del pueblo antiguo, que termina en el Castillo de Edimburgo.  Esta vez no fui al castillo porque ya había ido dos veces, pero paseé por debajo y pude conectar distintos sectores en mi mente (Grassmarket, por ejemplo).

 

Bototos apañadores. Suelito lindo. Mi foto favorita.

 

En Grassmarket, una de mis calles favoritas aunque es corta, había un mercado. Yay. Me encantan los mercados. Vendían muchas cosas ricas y para nada caras (chocolates, pan, queques, fruta), y al otro lado había comida internacional. Ese día, el puesto de comida venezolana recolectaba dinero para ayudar con el conflicto en Venezuela así que por eso me lancé a probar las arepas. Ricas. 😛 (En el post de comida les cuento más y les muestro, claro).

 

Refugiándonos de la lluvia porque en un minuto pasaba de ser esa lluvia finita que moja pero no molesta a unos goterones enormes que retumbaban en el piso y me hacen suspirar. Menos mal que hay hartos callejones techados donde capear la lluvia.

 

En la Royal Mile siempre hay espectáculos callejeros: el cowboy, que es gringo y hace un show con fuego, el gaitero, la gaitera, otros músicos. Al fondo, se llega a la calle donde empieza el Jardín de Princes Street, como para darles la perspectiva. La pareja en la foto va caminando hacia el castillo.

 

¡Se me había perdido el corazón! Pero lo encontré. Edimburgo, en el 1700 o antes, tenía un problema grave de secreciones en las calles, así que en algún momento hicieron este corazón que era el único lugar donde se podía escupir sin ser multado. Ahora no se puede escupir en ninguna parte, eso sí.

 

Escocia está llena de iglesias que hace años no funcionan como iglesias. En vez de demolerlas, aprovecharon las estructuras bien hechas (y bonitas) y las convirtieron en escuelas, tiendas, edificios de gobierno. Esta iglesia es un café y es muy famoso porque es el centro de operaciones del festival Fringe que se toma la ciudad durante todo Agosto.

 

Este es el costado de la iglesia en cuestión, subiendo hacia el castillo. Aquí nos pilló el granizo. AÑOS que no veía granizar. Fue hermoso.

 

Otro lugar al que volví fue el cementerio frente a Carlton Hill.  La Sandra no lo conocía así que la llevé y le conté un par de historias que recordaba de los tours nocturnos que había tomado en mis visitas anteriores.

 

Después cruzamos la calle y subimos Carlton Hill, donde hay un observatorio, la tumba de un señor millonario y el monumento sin concluir de la foto. Por mucho tiempo, a Edimburgo se le conoció como la pequeña Atenas, todo por esta construcción, que nunca se terminó porque se acabó la plata.

 

Vista de Edimburgo, a la derecha se ve la punta de la iglesia que les mostré en la foto anterior, y más a la derecha se ve el castillo. Se ve super lejos y es lejos pero cuando vas caminando no se nota tanto.

 

El observatorio. Nunca lo he visto abierto, así que no sé cómo es por dentro, pero esta vez le saqué foto.

 

Hay mucho viento en la colina.

 

Termino esta primera parte de Edimburgo mostrándoles esta vitrina hermosa de una librería en la ciudad. Estaba cerrada así que sólo le saqué foto pero cosa más beia.

15 comentarios sobre “Vacaciones: Edimburgo (parte 1)

  1. Mi cara de “Qué hermoso” y después “Qué asco” cuando vi la foto del corazón jajjajajjajaj ay que horrible!! Pensar que hay gente que aun escupe en la calle *vomita*

    Has ido como 999 veces a Edimburgo y yo apuesto a que algún día vas a terminar viviendo ahí y vas a extrañar la palta, porque obvio!

    Arepas!! Ay, acá venden en carritos, recién hechas y se ven tan ricas cuando salgo del gimnasio y menos mal que hasta ahora he sido fuerte y no he caído en tentación, pero pucha que son riiiiiicas jajajjajja Me estoy guardando porque quiero ir a probar la bandeja paisa y me dieron un dato de donde era buena…

    Qué lindas que son las tiendas de Potter, lo malo es que dan ganas de comprarse todo y uno sabe que no se puede. Oye, tienes tu varita guardada o la tienes a la vista, onda en un librero? Estoy en esa disyuntiva…

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    1. Sí, allá ya no lo hacen. Pensé que había incluido la foto de los gusanos pero no lo hice porque soy buenita, jajaja.

      El sueño de la vida,además de ir a Corea, es vivir en Edimburgo. Uff. Si no fuera porque me aterra llegar sin pega y no tengo cómo irme con trabajo… a menos que conozca a un escocés acá y me lleve. ja.

      Cuéntame eso de la bandeja paisa cuando la pruebas. No la conozco.

      Ah, la tengo guardada. En un baúl chiquitito. No había cachado. Voy a sacar todo y ponerlo en el librero no más, qué tanto. Así me acuerdo que las tengo.

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  2. Edimburgo, qué felicidad. Yo subí esos 900 escalones la segunda vez que estuve, pero ahora me dan pánico los lugares que son estrechos al final y los últimos escalones y la salida del monumento son estrechísimos. No pude subir a una torre antigua en Irlanda por esa misma razón. Me puse boba de vieja.
    Podés creer que nunca fue a Carlton Hill? visita obligada para el tercer viaje de placer o para quedarme, tengo 14 meses para decidir qué hacer (y no es joda).

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    1. Jajaja, nica. Puedo subir cerros, caminar un día completo pero por favor no me hagan subir escalones/escaleras, los odio.

      14 meses! Por qué 14 meses? Pucha, y pensar que Carlton HIll está RIGHT THERE y no cuesta nada subirla. Obligada a ir de nuevo po Pato.

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      1. Yo no sé cómo hice para subir todos los escalones que subí en estas vacaciones. El camino entre dos pueblos de Cinque Terre es pura escalera, hasta me sentí mal en un momento, las dejé a mis amigas que siguieran a su ritmo porque yo no sabía si llegaba. Te juro Nati que casi me da algo, no sé cómo lo terminé. Odio las escaleras, y Europa está lleno!

        En 14 meses termino de pagar el préstamo que saqué para el viaje. Tengo este tiempo para hacer contactos y ver cómo me puedo ir de acá, mi trabajo ya no da para más salvo que estén viendo de un contrato serio y no me hayan dicho nada pero estoy 99 por ciento segura que no es el caso, acá no tengo nada que me ate, odio vivir en Uruguay pese a que reconozco que tiene cosas buenas, y no soy feliz. eso es lo principal. no soy feliz. Capaz que si me voy me doy cuenta que tenía todo para ser feliz acá y no lo supe apreciar, pero el what if ya no funciona. Sé que ya estoy vieja para muchas cosas (como el mercado laboral) pero bueno, si tengo que terminar sirviendo café en Starbucks lo haré, necesito buscar un lugar que me haga feliz.

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        1. Te felicito por haberlo logrado entonces!!

          Ahh, entonces toda la buena vibra para este proceso, que salga algo que te guste. Y eso, si te vas y te vas cuenta que es mejor Uruguay, vuelves! La felicidad es lo más importante. Yo siempre he dicho que si me da la cuestión, me voy de mesera a alguna parte. Cualquier trabajo es bueno si te permite realizar tus sueños, creo.

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