Semana Santa

Este fin de semana es Semana Santa. Para muchos es un tiempo de recogimiento y reflexión, donde la música se escucha bajito y se pasa en familia. Para otros, no sé si la mayoría, es un fin de semana más con la maravilla extra de que es feriado y eso significa un día menos de trabajo.

Yo me cuento en el segundo grupo. No me crié como católica pero sí como alguien que respeta las tradiciones y celebraciones del resto, por lo tanto, en mi casa no se escuchaba nada muy fuerte pero tampoco nos dedicábamos a compartir historias porque había que estar en familia. No. Cada uno en lo suyo sin molestar al del lado y yo contando las horas para que fuera luego domingo y comer chocolate.

Desde que tengo memoria que el domingo de resurrección lo pasamos donde mis abuelos y, aunque llueva o truene o haga un calor atroz, salimos al patio a buscar nuestra bolsita con huevitos de chocolate. Todos los años mi abuelo dice que no piensa buscar ni una cuestión y todos los años termina buscándolos igual; todos los años encuentro diez bolsas antes que la que tiene mi nombre y todos los años amenazo con dejarme todas las bolsitas para mí. Ha pasado que alguien me regala su bolsa. Ay, las tradiciones. Me encantan.

Tampoco comemos carne pero no nos obligamos a comer pescado. A veces un buen plato de porotos o pasta y listo. Como ahora vivo sola y no voy a pasar el fin de semana con la familia (excepto el domingo, chocolates! obvio), tengo que cocinarme almuerzo sola y ya tengo listo mi atún en conserva y las paltitas que me acaban de regalar. Y el puré con ketchup! Uy, quiero almorzar de nuevo ahora ya. 🙂

La otra tradición que tengo es ver Jesucristo Superestrella. Amo esa película! Ya que empiece con ese guitarreo maravilloso me pone la carne de gallina y cuando empieza a cantar Judas, en el desierto, vestido de rojo, con arena por todas partes y un vozarrón de aquellos, uy. Me la sé entera, claro, y la canto entera y la bailo y me da pena pero me fascina. La prefieron quince millones de veces a las otras películas que dan en la tele, sobre todo a Jesús de Nazareth que me carga por lenta y porque Jesús no tenía los ojos azules y me da rabia y NO. Al menos el tipo de Jesucristo Superestrella tenía los ojos café. Al menos.

Así que eso pretendo hacer este fin de semana, porque pucha que necesitaba el feriado. Ver Jesucristo Superestrella (o escuchar la banda sonora por lo menos) y comer chocolates. Ñami. Ah, y preparar posts para acá porque les debo el de los actores. Fue una semana movida, sorry.

¿Qué hacen ustedes? ¿Son de los que no comen carne? Como sea, ojalá descansen y aprovechen el fin de semana que comienza en unas horitas más.

Cosas que amo: el chocolate

http://mepasaaveces.blogspot.com/
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Si hay algo que es mi perdición total, eso es el chocolate. Podría comerme una barra al día, gracias a Dios no soy alérgica, y lo he hecho. Paso por etapas en que los días se van y yo no pruebo ni un cuadradito del que tenga a mano,  pero a veces siento esa necesidad biológica de TENER que comer chocolate y si no tengo un poquito cerca, me imagino que eso es lo que sienten los drogadictos.

El chocolate es mi droga.

No cualquier chocolate eso sí. Me gusta el chocolate de leche, ojalá sin almendras ni ninguna otra cosa entremedio. Solito. Ese es el que más disfruto.

Ahora ando de viuda por la vida porque hace meses que no encuentro mi chocolate favorito – el Cofler Aireado- en los supermercados. Créanme que he buscado y, hasta en los supermercados en que sé que no está, igual voy al pasillo de los chocolates esperando por ese milagro de milagros y que haya aunque sea una barrita. No me ha ido bien. Ya no hay. Dejaron de traerlo. De un día para otro. Me pregunto por qué. Quizás no se vendía mucho. No sé. Yo, cada vez que encontraba, me compraba de a 7 barras altiro y era capaz de devorarme una de un sopetón. Pero ya no hay. 😦

Así que he tenido que empezar a probar otros chocolates de leche: ese de la vaquita, el de Costa (no me gustó), los Hershey, y el Cofler normal no aireado que es más fome que chuparse el dedo. Probé el Cofler Tres Leches o algo así y ese es más rico pero nada se compara a lo rico y maravilloso que era el Cofler Aireado. Qué lata que descontinúen las cosas que a una le gustan.

Sí hay otro chocolate que me fascina pero acá es súper caro, así que a mis amigos que viajan les pido que me compren en el Duty Free o yo misma, si me toca viajar, aprovecho y me compro un envase de los grandes y los hago durar lo más que pueda. Los bombones Lindor de la marca sueca Lindt son una delicia. También son puro chocolate de leche pero en el centro, el chocolate es más blando y se derrite en la boca. Sinfonía de sabores chocolatientos en mi boca. El cielo.

Hay gente a la que le gusta el chocolate pero nunca tanto. Yo soy de las que no convido y me da igual quedar de egoísta/cagada/loca. Natalia no comparte el chocolate! Al menos mi familia y mis amigos ya lo saben así que no se sienten mal si tengo chocolate y no les convido, pero me ha pasado en la oficina que me piden y de verdad siento como si me estuviesen pidiendo que me corte un brazo y se los entregue. Es más fuerte que yo, esta adicción.

El lado bueno es que tooooodos saben de mi amor por el chocolate entonces para mi cumpleaños, para Navidad o cualquier otra ocasión especial, siempre recibo chocolates de regalo y los agradezco inmensamente. Bombones, en ramas, en barra. Pero siempre sólo de leche. 🙂