Pan con Mantequilla

fuente: la buena vida

Quienes me conocen saben que soy adicta al chocolate. Pero si hay algo que yo podría comer durante horas, sin importarme los kilos ni la grasa ni nada, es el Pan con Mantequilla.

No hay placer más delicioso que partir la marraqueta, ojalá recién salida del horno, aún humeante y con ese aroma que evoca al hogar y las onces familiares; y embetunarla en mantequilla (o margarina, da lo mismo).

Para mí, el pan siempre ha sido con mantequilla y después vemos qué más le ponemos: jamón, palta, mermelada, manjar, tomate y un largo etcétera; pero sin mantequilla la cosa no funciona, es inconcebible, es deprimente.

Chile es el segundo país que más consume pan en el mundo, sólo después de Alemania que fabrica una variedad de panes impresionantes. He tenido la suerte de viajar harto y de probar distintos panes en Europa, Medio Oriente, Estados Unidos y Canadá, y aunque sí extraño el English Muffin canadiense (porque con mantequilla pucha que quedaba rico, absorbía todo y quedaba mojadito y ay Dios mÍo); no hay nada como la Marraqueta chilena. Nuestro pan es crujiente pero blando, salado pero en la medida justa, y le viene a todo. TODO.

Así que eso. Este es mi tributo a lo más rico de la vida, la marraqueta con mantequilla. Fresca, tostada, con palta, paté o solita. Nada más rico para comenzar el día.