Cosas que amo: Harry Potter

En algún momento tenía que escribir de esto así que aquí va. Afírmense.

Empecé a leer Harry Potter en 1998. Estaba de vacaciones y mi mamá me trajo los primeros dos libros, los que devoré en una tarde al sol. Le rogué a mi mamá para que al siguiente día me trajera el tercero, al que amé más que los dos anteriores juntos. El problema fue que el cuarto todavía no salía a la venta y la espera de meses se hizo eterna.

Mucha gente desestima esta saga porque es “para niños”. Yo nunca he estado de acuerdo y los defiendo como libros para todo tipo de lector. Claro, los niños se fijan en la magia y las amistades y lo entretenido de este mundo nuevo que JK Rowling creó en un café en Escocia; pero los más grandes pueden ver entre líneas un mundo complicado, abusivo, secreto y bajo una dictadura ausente que petrifica a la mayoría de los ciudadanos. A medida que va avanzando la historia, estas características se multiplican y ya al llegar al sexto o séptimo libro, los temas son tan oscuros, la guerra es tan real, que dudo que un niño pequeño pueda lidiar con el mensaje. Aunque sigue estando ahí.

Además del mundo creado por JK Rowling (Colegio, Ministerio, Pueblos, Tiendas, Juegos, Gobiernos), lo que más me atrajo fue la historia y los personajes. Harry es un niño huérfano que vive con sus tíos, quienes  abusan de él todo el santo día. Harry está ahí porque sus padres fueron asesinados, pero él no lo sabe; no sabe que fue arrastrado del mundo al que pertenecía, sacado de su hogar verdadero para ir a vivir con un par de snobs que reniegan de la magia, ni siquiera lo alimentan y lo tratan pésimo. Harry está obligado a aguantar, no tiene adónde más ir y sólo ahí estará protegido del mago más malo de todos los tiempos, quien desapareció al intentar matar a Harry.

Ya descubriendo su verdadero origen, Harry va a Hogwarts y ahí comienzan sus aventuras. Verlo crecer, desarrollar caracter, pasar por su época emo, enamorarse, convertirse en un hombre valiente capaz de sacrificarlo todo por el bien de la comunidad que es su hogar, es emocionante y terrible a la vez. JK Rowling te hace parte de su mundo, a medida que Harry entra a él, nosotros también, descubriendo, preguntando, odiando y amando. Harry es un adolescente pero tiene el peso del mundo mágico sobre sus hombros. Es un héroe de tomo y lomo, entonces uno sufre con él, quiere que le vaya bien, que no sea jetón y tome las decisiones equivocadas.

Mi libro favorito es el tercero, Harry Potter y el Prisionero de Azkaban. Creo que aquí se marca la diferencia entre el “libro para niños” y el “libro para todos” que mencioné al principio. Este libro cambió la saga completa en apenas el tercer tomo. De pronto, TODO podía ser una pista para descubrir algún misterio, TODO detalle podía ser importante así que releer los otros libros para buscar esas pistas (existentes o inventadas) fue una de las cosas más entretenidas de hacer mientras esperábamos que saliera el cuarto título. ¿Por qué? Porque el final de este libro es uno de los mejores finales que he leído en mi vida, tanto así que creo que he leído los últimos 4 capítulos más veces que los 7 libros juntos. La revelación sobre Petter Pettigrew me dejó helada, sin poder creerlo y con un interés infernal en la generación anterior, en el papá de Harry y en sus amigos Merodeadores. Obsesión dentro de la obsesión. Esa onda.

Obviamente, hay personajes que me gustan más que otros. Le tengo cariño a Harry, inmenso, pero mi corazón le pertenece a Ron. Hay gente que lo odia y no lo entiendo/me da rabia. Ron es el corazón de la historia y lo adoro por eso, por ser la voz de la razón sin quererlo, por intentar ser mejor a pesar de tener CINCO hermanos mayores que ya han logrado todos los trofeos y felicitaciones posibles. No es fácil vivir con los Weasley, son muchos y llegan a ser abusivos a veces, pero Ron logra convertirse en un tipo maravilloso y ya, lo quiero para mí (aquí se me fue a las pailas el post, sorry).

La saga no ha sido sólo importante para mí como trabajo literario, porque he reído, llorado a mares y disfrutado desenredar los líos y misterios en él; sino que a nivel personal también. Hice amigos hablando de los libros, fui a todas las premieres de las películas disfrazada (sí, soy nerd y orgullosa), ñoñée de lo lindo inventando teorías con amigas reales y virtuales y, en resumen, es mi tema favorito a tratar donde sea.

Claro, ya no queda mucho que comentar pero por algo estoy escribiendo del tema acá, porque es importantísimo para mí y sí, todavía releo los libros casi todos los años y me vuelvo a emocionar cuando Harry pasa su primera noche en la Torre de Gryffindor; me mato de la risa con el comentario de Quidditch de Lee y luego de Luna, me enamoro y desamoro de Remus Lupin, aprecio a Dumbledore y después lo odio con furia, defiendo a muerte a Snape (nunca me di por vencida a pesar que todos decían que era malo maloso) y cuando se desata la guerra y Hogwarts es destruído, me duele en el pecho porque siento como si echaran abajo mi casa, mi hogar.

Recuerdo el momento exacto exacto en que comencé a leer los libros y el momento y lugar dónde los terminé. Acostada en mi cama, muy temprano, sin poder parar de leer pero queriendo con toda mi alma que las páginas nunca dejaran de aparecer. Con un miedo feroz que le pasara algo a Ron, haciendo trampa y mirando a cada rato unas páginas más adelante sólo para saber si seguía vivo; cerrando el libro con furia cuando cierto personaje aparecía mencionado (me niego a nombrarla), riéndome con los gemelos y, sobre todo, llorando como condenada cuando terminé el epílogo y cerré el libro. El agujero en el estómago, en la guata, en el pecho fue enorme y ahí me quedé, abrazada a ese monstruo de 700 páginas, sin poder ver a través de las lágrimas. En mi vida había sentido un vacío tan, tan grande.

Podrán pensar que soy ñoña, infantil, lo que sea, pero es verdad lo que he escuchado muchas veces: si no han leído los libros, nunca van a entender de qué hablo ni lo que termina uno sintiendo por ellos. Así que dénles una oportunidad, en el tercero se pone increíble y de ahí no para de sorprender. Créanme. Ya empecé a leer el primero otra vez.