Michael Bublé

(me disculpo desde ya por la calidad de las fotos, las saqué con el teléfono, no tengo cámara)

Anoche fui a ver a Michael Bublé en concierto. Reconozco que durante el día me pregunté varias veces a qué iba, considerando que sí, su música me gusta pero no me sé ninguna de sus canciones (ya, me sé dos) y generalmente no voy a conciertos de gente que no conozco mucho. Sin muchas ganas llegué al Movistar Arena, a Platea Alta, desde donde igual se veía todo muy, muy bien (me encanta el Movistar, de todos lados se ve y se escucha muy bien).

Abrió un grupo de 7 tipos que hicieron un show sin instrumentos, sólo con voces, muy bueno. Su versión de “While my Guitar Gently Weeps” se me quedó pegada, debe ser de los mejores covers de esa canción que he escuchado; muy simpáticos también, hay que decirlo.

Y después entró Bublé. Canchero como él solo, pero también humilde, bueno para la talla, simpático, agradable de ver (y eso que no lo encuentro mino), maravilloso. Le tenía poca fe a Bublé, lo reconozco. Siempre he sabido que canta muy bien, pero a eso le agrega un encanto que me fascinó. Me ganó por completo (le hecho la culpa a que es canadiense, jaja).

Habló en español, con un leve acento argentino (decía sho en vez de yo); bailó, agarró para el leseo a todos y cada uno de sus músicos (qué ganas de tener cámara para haber grabado todo porque por Dios que me reí), cantó con una fan que tuvo la inteligencia de ir con un cartel gigante que decía “I want to sing with you” y él “venga pues!” le dijo; imitó a Michael Jackson, rapeó, se presentó como Michael Burbuja (ídolo!), hizo chistes y demostró que tiene una capacidad vocal inmensa. Terminó cantando a capella, sin siquiera la ayuda del micrófono y se escucho en el Arena completo. Me dio envidia y asombro a la vez. Se me pararon los pelos.

Estuve casi todo el concierto sentada (algo muy, muy raro por acá) pero la música daba para escucharla completamente, aunque con los temas más movidos igual me paré y los bailé enteritos. Y con lo del asiento quería hacer el paralelo con el último concierto al que fui: Britney Spears. La decepción más grande de la historia, pasar el concierto entero sentada, amurrada, sintiéndome estafada y con ganas de irme a mi casa. Nunca creí lo del producto fabricado pero era cierto, y en el caso de Bublé eso no existe. Comprobado: su voz, su estampa, su carisma. Visto en vivo y en directo. De nuevo, maravilloso.

Pasé de no tenerle muchas ganas a Bublé a querer que no se fuera del escenario. Hace mucho que eso no me pasaba. De verdad me dio pena cuando terminó el concierto, no me quería ir, podría haberme quedado tres horas más escuchando esa voz aterciopelada pero moderna, escuchándolo hablar,  sin importarme que tuviese que trabajar temprano al día siguiente.

Él también se fascinó con nosotros. Dijo que ya había hablado con su manager y que quería volver a Chile y hacer 6 conciertos de una. Yo creo que definitivamente voy y para entonces me voy a saber todas sus canciones para poder cantarlas con él. Nos lo merecemos, ¿cierto, MIchael? Sip.

(Del día anterior, pero igual, para que lo vean. Mah lendo)