Miedos Superados

Hay miedos y miedos. Quizás por eso tenemos tantos sinónimos para esa palabra en español: susto, pánico, terror,  fobia. Cada nivel es distinto, cada miedo es diferente y algunos son, incluso, superables. Con terapia, sin terapia, de la nada. Hoy les cuento de mis miedos superados y de los no tantos.

Desde que tengo memoria le tuve miedo a los extraterrestres. Mi madrina (linda ella) me dijo alguna vez que ellos me habían venido a dejar entonces, obviamente, un día me iban a venir a buscar para llevarme de vuelta quizás dónde. Yo, hija de matrimonio recién disuelto, desarrollé un miedo atroz por ese algo que iba a venir a separarme de mi mamá. Era chica, tenía unos 4 ó 5 años. Mal.

Gracias a la broma familiar, nunca pude ver ET como muchos de ustedes, tenía pesadillas con los hombrecitos grises de ojos grandes y cada vez que escuchaba la música de Encuentros Cercanos del Tercer Tipo se me paraban todos los pelos y me daban ganas de meterme debajo de la cama. ¿Alguien dijo trauma? Fue así durante años.

Ya en la adolescencia recuerdo pasar noches en vela por estar convencida de que esa noche iba a pasar; esa era la noche en que iban a venir y me iban a llevar. Me quedaba en la cama sintiendo un miedo paralizante, literalmente, porque pensaba en arrancar pero no podía siquiera darme vuelta. Veía las luces por la ventana y todo. De nuevo: mal.

Hasta que un día, hace un par de años, estaba leyendo una revista cuando me di cuenta que en la portada venía uno de los hombres grises. Y yo estaba tocando la revista. Y no me dio miedo. Todavía recuerdo el semi-ataque de risa que me dio al darme cuenta que no tenía miedo! Me daba lo mismo y poco menos que me pasé la foto por la cara en un momento de locura para probarle al mundo que era valiente y ya no temía enfrentarme a los extraterrestres. Llamé a mi mamá para contarle y nos reímos mucho. Ahí pude ver ET y otras películas, aunque me falta Encuentros Cercanos, esa es mi prueba de fuego. Se viene.

Hay otro miedo pero este me lo tengo que aguantar: andar en avión. Me da terror. Me gusta viajar y conocer otros lugares, ir en un auto o en un bus mirando el paisaje mientras escucho música, lo encuentro delicioso; pero ya sacando los pies de la tierra, comienzan los problemas. Que el ataque terrorista, que la falla del motor, que la tormenta tropical, que el problema mecánico X. Me paso mil películas y ninguna termina bien, así que he debido optar por mi amigo el ralajante muscular para dormir un ratito y así sentir que el viaje es más corto, sentir que llego luego al destino. Mi momento más feliz es el aterrizaje y, más aún, cuando es en Santiago y ya llego a mi casa. Hogar, dulce, hogar.

Supongo que ese miedo no tiene tanto que ver con la muerte, todos vamos para allá, sino que con el dolor físico que pueda provocar. Eso me da miedo. Como muchos de ustedes quizás, siempre digo que si tengo que morir de forma traumática, que sea rápido, sin dolor, sin darme cuenta. Sin saber qué está pasando. No tener el control de lo que ocurre, no poder hacer nada por cambiar un resultado o por ayudar en lo que sea, me da pánico. No sé, quizás en un auto sí pueda ayudar porque voy ahí al lado y aunque no manejo, sé manejar. Pero en un avión, ¿qué hago? Ahora me encomiendo a toda mi gente que me cuida desde arriba y me entrego a lo que venga porque de verdad que no hay nada más que hacer. Me da susto igual, me duele la guata y es incómodo, pero lo hago. Si a veces soy Gryffindor.

Mi miedo más grande es a los bichos aquellos de ocho patas. Es fobia. No puedo escribir el nombre, no puedo ver fotos, no puedo escuchar historias y todo el mundo siente esa necesidad compulsiva de relatarme con detalles y mímicas sobre sus encuentros más top con ellas, en el campo o la playa o donde sea, y YO NO QUIERO ESCUCHAR. Siempre me pasa. SIEMPRE. Como si fuera gracioso.

Las fobias son miedos inexplicables. Alguna vez una terapeuta me dijo que quizás tuve un encuentro cercano del tercer tipo con una y por eso les tengo miedo. Yo no recuerdo nada así y, es más, recuerdo que con mi hermano jugábamos a sacarlas de una muralla vieja que había en nuestro pasaje. Todos los niños con un palito sobre la pandereta. Entonces de más chica no les tenía miedo. No sé qué pasó.

Sí recuerdo estar en el cine viendo Moonwalker, la película que hizo Michael Jackson (caída de carné), y hay una escena en que aparecen muchísimas de ellas y grandes y todas corren hacia arriba de la colina y el sonido que hacen es atroz. Pero sólo recuerdo la escena, no recuerdo haber sentido miedo o nada. Raro.

Obviamente no les voy a poner foto ad hoc porque me muero, me da el ataque al corazón y todo. En serio. El miedo es tal que la reacción física es fuerte: paralizante y lacrimosa instantánea. Quizás debería someterme a hipnosis para superar esta cuestión, aunque no le tengo mucha fe a la hipnosis.

¿A qué le temen ustedes? ¿Han podido superar algún miedo? ¿Me recomiendan la hipnosis?