Así con el calor…

Advertencia: me voy a quejar harto en este post.

Es Marzo. MARZO. Y seguimos con los días hiper soleados en Santiago, con temperaturas sobre los 30ºC y, lo que es peor, noches demasiado cálidas como para conciliar el sueño. Resultado: mal genio colectivo y general.

Tengo poca resistencia al calor. Me carga andar transpirada o pegajosa, tener que soportar olores ajenos en el transporte público, que se me hinchen los pies y me moleste todo lo del ítem ropa. Claro, cuando uno está en la casa da lo mismo pero en la oficina o en la calle es un suplicio. Pienso en los hombres que tienen que soportar el calor con pantalones y calcetines/zapatos y me da más calor y no, gracias.

Podría pensar que en el desierto es peor. En alguna parte tiene que ser peor, por favor. Pero no me sirve. Tuve la suerte de ir a Medio Oriente un otoño, todos me habían metido susto por el calor que hace por allá y yo, conociéndome, de verdad no quería ir a puro sufrir con andar colorada como tomate todo el día y quedar pegada al asfalto por el sol. Pero no fue tan así. O sea, sí, hace calor, pero se sobrevive (aparte que hay aire acondicionado en TODAS PARTES).

El calor en Santiago es puntiagudo. Es seco, rebota en el piso y el efecto es doble, te llega por todas partes, es atroz. Lo rico es que, en esos días que ya son escasos, corre viento entonces la brisa en algunas calles es reparadora. El gran problema es que está haciendo mucho, mucho calor en la noche entonces es difícil dormir y al día siguiente seguimos de mal humor y así.

Quería postear sobre esto porque ya en la mañana está empezando a correr ese viento rico, ya no está tan claro como hace dos semanas. A las 7 recién está saliendo el sol entonces el calor se corre un poquito y eso me gusta (porque camino a mi trabajo entonces llegar toda sudada no es rico).

También quería agradecer el atraso del cambio de horario. Me gusta este horario. Me gusta que sean las 8 de la noche y todavía haya luz natural. Me gusta que el día al menos parezca más largo porque, aunque igual no lo aproveche, la oportunidad de aprovecharlo haciendo cosas productivas, está ahí.

Amo el invierno y la lluvia, pero lo quiero tanto que lo único en que pienso cuando veo las nubes por la ventana es en meterme a la cama con un rico té y ver películas o leer. Como que ya tengo ganas de hacer eso (y de usar mis bufandas y abrigos) pero sólo porque el calor agobiante de las últimas semanas me ha colmado la paciencia y quiero que haga la retirada luego. Ya po, Otoño. ¿Dónde andas?